Por qué ser veganos (y qué es ;) ) parte I

El veganismo dietético o vegetarianismo estricto consiste en la renuencia a ingerir ningún alimento de origen animal, esto es, ni carnes o pescados, ni leche o sus derivados, ni huevos ni miel. Veganos son aquellas personas que practican el veganismo, el cual muchas veces denomina también a toda una postura ideológica de defensa de los derechos de los animales en la cual otros productos de origen animal no alimentario son también excluidos, como el cuero y todos aquellas actividades donde esté involucrada la explotación de un animal, como circos, corridas de toros, zoológicos, etc .

Nosotros nos centraremos en principio en el aspecto dietético del veganismo. Entonces la pregunta lógica es porqué hemos decidido dejar de comer esos productos cuando nos hemos criado en una sociedad que los ve como buenos y hasta como esenciales en la dieta de un ser humano. Las razones, resumidas en unos pocos términos y por orden de importancia según nuestra experiencia, son:

1.- Psicológicos: Básicamente los seres humanos carecemos de una estructura emocional dirigida a obtener placer con la muerte y descuartizamiento de otro ser vivo con objeto de alimentarnos, aunque parezca lo contrario dada la historia humana (algo que da que pensar).

2.- Anatómicos y fisiológicos: Los enumeramos en una tabla a continuación. Nuestra anatomía y fisiología general y en concreto la digestiva es en todo la correspondiente a un animal herbívoro, y dentro de éstos, especializado en comer frutas, hojas suculentas y cierta cantidad de frutos secos.

3.- Sanitarios: Los efectos devastadores de un consumo excesivo de los productos animales citados son una de las epidemias del siglo XX y XXI, como infinidad de estudios no manipulados vienen recogiendo desde hace años. Incluso los organismos oficiales se hacen eco lentamente de este serio problema global.

Comentaremos cada punto por separado, veamos unas fotos antes:

     

   1.- Hablamos de placer porque el acto de la nutrición, como todas aquellas actividades que favorecen la supervivencia del organismo, nos produce placer. Ante la suculenta imagen segunda de los trozos de plátano naturalmente salivamos. Ante los trozos de carne cruda de la primera  imagen, naturalmente sentimos rechazo. Aquí se presenta el problema de que nuestros sentidos han sido “civilizados”, vale decir pervertidos, puesto que si salivamos ante la imagen de la carne cruda, lo hacemos por un mecanismo de asociación con la misma carne cocinada, que ya deja de ser químicamente el mismo producto en muchos aspectos y sobre todo para el sentido del gusto y otros. Así como se debe “aprender” a saborear el vino o el tabaco, se debe “aprender” a saborear la carne cruda, la mayoría de las culturas y a la mayoría de las personas les repugnan la carne cruda, sin cocinar o sin sazonar, sin un enmascaramiento de su naturaleza.

También es innegable el hecho de que carecemos de un instinto innato de caza, la imagen del cervatillo nos inspira ternura antes que deseos de matarlo, descuartizarlo y consumirlo, ya vimos que mucho menos crudo. Un manojo de plátanos en el árbol nos inspira de inmediato a alzar la mano y agarrar, a recolectar. De nuevo es la civilización la que nos convierte en cazadores artificiales, por razones culturales u oportunistas (supervivencia), que a veces vienen de la mano, y esto desde hace unos miles de años.

La visión del ser humano como recolector y cazador, anteponiendo lo de “cazador” en cantidad e importancia, es una deformación de la realidad, una ceguera ante nuestra psicología innata, gregaria y pacífica, además de otras cualidades puramente físicas que describimos abajo. ¿Alguien puede pensar que la visión de un cadáver, sea del animal que sea, es agradable? ¿Alguien puede pensar que es agradable ser el brazo ejecutor de ese ser vivo? Nosotros creemos que no.

Resumiendo, los seres humanos no obtenemos placer ante la visión de sangre, vísceras, ante el acto de matar a un ser vivo (muchas veces inquietatemente semejante a nosotros, otro mamífero) mientras nos mira a los ojos, no obtenemos un placer innato y no adquirido al masticar malamente trozos de carne cruda, que ni siquiera podemos saborear (saben a nada, cualquiera puede hacer la prueba), al contrario que un carnívoro real, que disfruta persiguiendo, ahogando, matando y desgarrando con medios propios un animal recién muerto. Desde un punto de vista psicológico, apoyado por el resto de nuestras características como especie, los seres humanos  no somos ni cazadores ni carnívoros natos.

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