Por qué ser vegano parte III

3.- el apartado tres es prácticamente un corolario de los otros dos. Al no ser el consumo de productos animales una acción sancionada positivamente por nuestra psicología ni nuestra biología, tiene sus consecuencias en ambos niveles, es decir, tiene consecuencias en nuestra salud integral y esto se lleva midiendo desde hace muchos años, de hecho desde hace miles de años, por ejemplo en el hecho de que los pueblos que más productos animales han consumido tradicionalmente siempre han estado más enfermos y han tenido una esperanza de vida bastante inferior.

Es casi trivial que dada la complejidad de los sistemas vivos, las enfermedades siempre son de origen multifactorial, aunque en ocasiones unos pocos o incluso un solo factor, pueden llegar a ser claves para el desarrollo y la curación del desequilibrio que en realidad constituyen las enfermedades. En este artículo mostraremos qué sugieren los datos acerca de la influencia de la dieta, de lo que comemos sobre todo, en el desarrollo de la enfermedad.

En primer lugar mostramos cómo la impresión que muchas personas tienen de que cada vez estamos más enfermos como sociedad es acertada; cualquiera, sino es él mismo el afectado, conoce a varias personas más o menos cercanas que padecen o han padecido cáncer, SIDA, muertes súbitas a todas las edades, alzheimer, parkinson, problemas digestivos, caries…, y pareciera que cada año que pasa el número de afectados de todos estos problemas crónicos es mayor, y estamos asistiendo desde principios del siglo XX a un espectacular y repentino incremento de las llamadas enfermedades crónicas, tras un descenso igual de repentino, sobre todo en las ciudades, de las enfermedades infecciosas en los países desarrollados.

 mortalidad en USA comparativa

Se observa claramente como, en este caso en los Estados Unidos, las causas de mortalidad principales se han desplazado de las enfermedades infecciosas hacia las enfermedades crónicas.

La causa de las primeras está fuertemente relacionada con los sistemas de higiene públicos (también la higiene privada), que no han estado generalizados en las ciudades durante gran parte de la historia en todas partes del mundo.

Aquí se puede ver como en el mismo país la tendencia de la prevalencia de las enfermedades crónicas es alcista:

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La situación de Estados Unidos es totalmente representativa del resto de los países desarrollados, en realidad, van a la cabeza seguidos de cerca por el resto, es decir tienen todavía más enfermos, más gasto sanitario y mayor incremento de enfermos crónicos cada año.

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Porcentaje del PIB empleado en gastos sanitarios en EEUU (claro indicador del incremento del número de enfermos)

 Por ejemplo en los países de la OCDE (entre los que se encuentran España, México, Francia, Alemania y muchos países desarrollados) se ve el mismo patrón:

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Un hecho sospechoso es que a medida que un país adopta un determinado estilo de vida, en concreto los medios de producción alimentaria y la alimentación occidental, representada fundamentalmente por la de Estados Unidos, en poco tiempo las gráficas anteriores muestran casi con total exactitud las tendencias sanitarias de dicho país. Y son un muy mal ejemplo, aquí se ve como están más enfermos que nadie, más ciegos que nadie en un país de ciegos:

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Gasto sanitario por persona y año

Para más muestra pondremos un par de citas extraídas de “El estudio de China”, libro en el que se recopila una enorme cantidad de información relativa a la relación entre enfermedad y la alimentación:

 “Desde todo punto de vista, la salud norteamericana se está deteriorando. El gasto per cápita en cuidados sanitarios es muy superior al de cualquier otra sociedad del mundo y, sin embargo, dos tercios de los norteamericanos tienen sobrepeso y más de 15 millones padecen diabetes, una cifra que está creciendo rápidamente. Sufrimos enfermedades cardíacas con la misma frecuencia que hace treinta años y la campaña de la Guerra contra el cáncer, iniciada en la década de los setenta, ha sido un enorme fracaso. La mitad de los estadounidenses tiene problemas de salud que requiere una receta semanal de fármacos y más de 100 millones presentan altos niveles de colesterol. Para empeorar las cosas, estamos consiguiendo que nuestra juventud enferme a edades cada vez más tempranas. Un tercio de los niños de Estados Unidos tiene sobrepeso o corre el riesgo de tenerlo. Son cada vez más propensos a una forma de diabetes que antes sólo se observaba en adultos y ahora toman más fármacos que nunca.” (de la introducción)

“Incremento del porcentaje en la incidencia de la enfermedad de 1990 a 1998

 30–39 años (70%) • 40–49 años (40%) • 50–59 años (31%)”

Queremos recalcar lo que expresa la segunda cita, en 8 años, ha habido un 70% más de enfermos entre el grupo de 30-39 años.

En el libro también aportan datos acerca de cómo claramente los “tratamientos” convencionales para estas enfermedades no están funcionando (9,10) y se aplican a pesar de que existe otro mucho mejor con muchos menos efectos secundarios, una dieta vegana baja en grasas y proteínas, como mostraremos que sugiere fuertemente la evidencia científica.

La tesis que defendemos en este blog es que la causa fundamental de la enfermedad, de cualquier estado de desequilibrio al que denominamos enfermedad x, es un cambio en los factores ambientales (siendo uno de los principales la dieta), que posibilitan al organismo mantenerse sano, su objetivo fundamental.

Esto es consecuente con el fenómeno de desaparición de las enfermedades infecciosas cuando mejoran las condiciones sanitarias, sobre todo en núcleos de alta densidad poblacional, algo que empezó a ocurrir de forma generalizada a principios del siglo XX.

Es consecuente también con el hecho de que esta disminución hasta la casi desaparición de las enfermedades infecciosas se produjo antes del empleo masivo de las vacunas y los antibióticos, y por tanto ni éstas ni aquellos son la causa fundamental y primera de  esa desaparición.

En otro artículo hablaremos detalladamente de la superstición conocida como vacunación.

Por lo tanto, lo lógico es pensar lo mismo de las enfermedades crónicas, que como ya hemos mostrado, presentan un incremento alarmante, pronunciado y constante en todo el mundo “desarrollado”.

Habiendo descartado una causa (la falta de Higiene), existen ciertas estadísticas que sugieren otra íntimamente relacionada con el estilo de vida y, concretamente, con la alimentación:

En esta web http://rstb.royalsocietypublishing.org/content/365/1554/2793.full se puede ver como el consumo de carne a nivel mundial desde 1963 se ha triplicado (por incremento de la disponibilidad, nueve veces más en china), se ha duplicado el consumo de huevos a nivel mundial desde la misma fecha, y se ha mantenido el consumo a nivel mundial de leche, desde 1963 debido a un ligero descenso en el consumo en los países desarrollados (por competencia de las bebidas edulcoradas, como la coca cola). Los niveles se mantienen muy por encima de los anteriores (desde principios del siglo XX). Al mismo tiempo ha disminuido el consumo de patatas, cereales (o se ha mantenido igual), legumbres, frutas y verduras, lógicamente por otra parte.

Algo muy a tener en cuenta es que este espectacular incremento del consumo de productos animales está íntimamente ligado a un incremento en la producción y sobre todo, desde la invención de los camiones cisterna, la pasteurización y otros métodos de conservación empleados masivamente (como el empleo de nitritos y otros productos para la carne), de la distribución. También ha contribuido la mejora generalizada del poder adquisitivo en muchos países que trajo un aumento en la demanda de estos productos, pues su consumo siempre ha venido aparejado a una percepción de estatus social superior, el que podía permitirse comer gran cantidad de estos productos era considerado rico, aunque solo fuera de clase media.

En este estudio (14) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14672310 se muestra que ha habido un incremento continuado de la producción de productos de origen animal, y continúa creciendo, estando su consumo íntimamente ligado al poder adquisitivo de las personas, por lo que se consumen más en aquellos países con amplias clases medias, relativamente adineradas.

Aquí (15) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21809752 se puede ver como a medida que los países se hacen “más ricos” (Brasil, China, India, Tailandia) rápidamente se incrementa la producción y el consumo de productos animales, así como las enfermedades crónicas que hemos visto que asolan los países desarrollados empiezan a ser epidémicos en dichos países emergentes.

Es decir existe una posible correlación (en realidad está más que demostrada, como veremos) entre el incremento del consumo de productos animales y el incremento de la enfermedad crónica. La pregunta lógica entonces sería, ¿es dicho incremento, y lo que conlleva, como una disminución en la ingesta de alimentos como las frutas, verduras, cereales, legumbres, la causa primordial del incremento espectacular y verdaderamente epidémico de la enfermedad crónica? Y con enfermedad crónica hablamos también de “meros” problemas digestivos, y otras molestias que obligan a más de la mitad de la población de muchos países a consumir medicamentos para evitar tener que  buscar una solución real y permanente a, de hecho, problemas de salud, a los cuales, a día de hoy y, en vista de los estudios, el sistema sanitario negligentemente no ofrece en ningún país.

Veremos que la respuesta es un rotundo sí.

El estudio de China es un libro publicado por T. Colin Campbell  (ver referencias), un bioquímico especializado en los efectos a largo plazo de la nutrición en la salud, escrito con el objeto de acercar al público los resultados de un estudio que duró más de 20 años realizado en toda China a partir de los años 80 del pasado siglo. Este estudio surgió a raíz de otro sobre la mortalidad por diferentes enfermedades realizado en China y que abarcó prácticamente la totalidad de la población china (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/7287273). En este estudio se mostraba que existía una disparidad muy pronunciada en la incidencia de cáncer entre distintas regiones del país. Además la causalidad genética quedaba razonablemente fuera de toda consideración debido a que el 87% de la población china pertenece al mismo grupo étnico: los Han.

Así que Campbell y otros científicos, tanto chinos como estadounidenses, pensaron en organizar otro estudio similar, esta vez tomando una muestra entre la población china rural (más de 65 condados, se pueden ver los detalles aquí http://www.tcolincampbell.org/?id=442 ), aplicado a la misma población, para estudiar las posibles razones de esta y otras disparidades en los índices de mortalidad dentro de la geografía china, lógicamente encauzado a medir todas las posibles variables relativas al estilo de vida como pueden ser cantidad de calorías consumidas, colesterol en sangre, análisis de sustancias en orina, tipo de alimentación, etc, en total se midieron más de 367 variables.

En primer lugar encontraron una diferencia bien marcada en el tipo de enfermedades que prevalecían en las zonas ricas respecto de las de las zonas pobres en la china rural.

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Donde se puede ver que las enfermedades propias de las zonas ricas son las mismas que aquejan a los habitantes de los países que siguen dietas occidentales. Además se encontró que en aquellas regiones donde abundaba una de las afecciones de una de las categorías, también abundaban las demás. Las comparaciones están estandarizadas por edad, de esta manera se descartó la influencia de la esperanza de la vida como factor causal de ninguna de las enfermedades. Es decir, no se encontró que hubiese más cáncer debido a que hubiese más ancianos, algo que ya es conocido debido a diversos fenómenos como el incremento del cáncer en todas las edades.

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Esta tabla muestra la diferencia entre la dieta china y la de EEUU para un individuo medio de 65 kilos. En EEUU se consume en promedio unos porcentajes en calorías de carbohidratos/proteínas/grasas de 48,5/15,5/36, siendo el 80% de las proteínas de origen animal, y en la china rural 76/9,5/14,5, siendo el 10% de las proteínas de origen animal.

Se encontró una fuerte correlación entre el nivel de colesterol en sangre y la prevalencia de las enfermedades de tipo occidental, a más colesterol en sangre, mayor porcentaje de enfermedades crónicas propias de los “ricos”, por lo que el colesterol en sangre se mostró como un predictor fiable de dichas enfermedades.

El valor mínimo de colesterol en sangre en occidente está alrededor de 170 mg/dl, mientras que la media china era de 127 mg/dl y se encontró que la incidencia de cánceres de todo tipo descendía a medida que el colesterol en sangre bajaba de 170.

En algunas regiones se consumían tan pocas proteínas animales como 7 gr/día, frente a los 70 gr/día de EEUU, y sin embargo se encontró que esa pequeña cantidad estaba fuertemente asociada a un incremento proporcional en la incidencia de enfermedades crónicas. Esto sugiere que no existe una cantidad mínima inocua de productos animales.

En el siguiente gráfico mostramos como se relaciona el colesterol en sangre con la dieta

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En estos estudios (1,2) se muestra experimentalmente que las proteínas animales incrementan el colesterol en sangre más que las propias grasas saturadas (la mayoría de origen animal).

También se encontró una fuerte correlación entre el consumo de grasa y la incidencia de cáncer, existía mayor incidencia de cánceres en aquellas regiones donde se consumía mayor cantidad de grasa, que en China era equivalente a un mayor consumo de productos animales (la mayoría elevados en grasa y proteínas), resultado que venía a sumarse a varios estudios que encontraron la misma relación (3,4,5) y otros estudios sobre migraciones encontraron que el estilo de vida (sobre todo cambiaban la dieta de su país por el del país al que emigraban) es la causa principal de dicha enfermedad (6,7) hasta el punto de que solamente el 2-3% de todos los cánceres pueden considerarse causados por razones genéticas (8) (a día de hoy imposible de ser influenciadas directamente).

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En este gráfico podemos apreciar que la incidencia es mínima para una cantidad aproximada de 30 gramos de grasas por día, lo que equivale a una proporción calórica de 10,3-13,5% según sea la cantidad de calorías totales consumidas (2600, en China, o casi 2000 estilo en EEUU).

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Aquí vemos que cuando la ingesta de grasas animales se acerca a 0, la incidencia se acerca a su mínimo. Esta es la segunda evidencia que sugiere que no hay valor mínimo inocuo de productos animales a consumir.

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Aquí vemos que la incidencia es mínima para una cantidad de grasa vegetal casi cuatro veces superior a la cantidad de grasa animal correspondiente.

Las dos últimas gráficas muestran evidencias sugiriendo que los productos animales y el ser humano no se llevan demasiado bien, al contrario que con los productos vegetales comestibles.

En la china rural la mayoría de las personas consumen una dieta prácticamente vegetariana baja en grasa y proteína, como ya hemos visto. El estudio de China encontró una fuerte correlación entre el incremento del consumo de productos animales (por tanto una elevación en la ingesta de proteínas y grasas) y el incremento de la incidencia de muchas enfermedades crónicas. Hemos visto que existe evidencia de que mantener bajas las grasas totales en la dieta disminuye la incidencia de estas afecciones, pero que las grasas animales tienen un efecto más relevante en dicho efecto.

Lo mismo se cumple para las proteínas animales respecto de las vegetales. Hemos visto que la población china más sana, la que menos enfermedades crónicas padecía, consumía un 10% aproximadamente de proteína total en la dieta, y que a lo más, un 10% de esa proteína era de origen animal, estando ese consumo fuertemente correlacionado con el incremento de las enfermedades crónicas. Hemos visto que existen estudios mostrando una relación entre el consumo de proteína animal y el colesterol en sangre alto, a su vez relacionado directamente con una mayor probabilidad de padecer enfermedades crónicas, entre ellas cáncer.

T. Colin Campbell ya había estudiado experimentalmente en ratones la influencia de las proteínas en la dieta, en cuanto a su cantidad y procedencia, en la aparición y desarrollo de un proceso canceroso. Intentaremos resumir sus asombrosos resultados en unas cuantas gráficas.

Encontró mecanismos fisiológicos mediante los cuales la cantidad de proteínas influía en el metabolismo de las ratas, de manera que la aflatoxina, un potente cancerígeno de origen natural (procedente de hongos que se pueden desarrollar en los cacahuetes o en el maíz,  por ejemplo) se convertía en inocuo o en mortal dependiendo de dicha cantidad.

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Esa reducción de la actividad enzimática implicaba una menor formación de sustancias nocivas a partir de la metabolización de la aflatoxina y se encontraron otros mecanismos por los cuales la aflatoxina interactuaba menos con el metabolismo celular cuando se ingerían menos proteínas en la dieta, lo que implicaba menos toxicidad. Otros mecanismos se presentan a continuación:

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Comprobaron que el número de focos cancerosos desarrollados después de la administración de altas dosis de aflatoxina era muy reducido cuando la dieta era baja en proteínas.

image016Encontraron que el desarrollo de los focos cancerosos se aceleraba o mostraba una marcada reducción según se consumiese una dieta alta o baja en proteínas, respectivamente.

Para evaluar la cantidad máxima de proteínas que no incrementaba notablemente la actividad cancerígena de la aflatoxina, experimentaron con un rango de dieta con porcentajes calóricos de proteínas desde el 4% al 24%.

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Se encontró el límite del 10%, por encima del cual los focos empezaban a desarrollarse notablemente más rápido.

Todo esto sugería una fuerte correlación entre la dosis de proteína y la potencia carcinogénica de la aflatoxina (y por lo tanto posiblemente de muchas otras sustancias cancerígenas) a cualquier dosis. Efectivamente esto es lo que se encontró:

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 Este resultado concuerda con otros experimentos anteriores indios (11) que encontraron que ninguna de las ratas alimentadas con una dieta con un 5% de proteínas en la dieta desarrollaron cáncer ante la administración de altas dosis de aflatoxina, mientras que todas las ratas que consumían un 20% lo desarrollaron.

Y se comprobó que no todas las proteínas provocaban la misma respuesta, las proteínas especialmente promotoras del cáncer fueron las proteínas animales.

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También encontraron que este efecto protector de las dietas bajas en proteínas era el mismo en ratas genéticamente predispuestas a desarrollar cáncer.

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Ambos grupos de genes predisponen a desarrollar cáncer de hígado en las ratas que lo poseen. El comportamiento frente a la cantidad de proteína dietética fue el mismo que para los ratones sin el gen, cambiando solamente la virulencia del desarrollo.

Otros estudios han encontrado las mismas correlaciones entre proteínas (sobre todo animales y en concreto la caseína) y otros carcinogénicos (12,13).

Algunas personas que no están deseando dejar de comer productos animales a raíz de lo que toda esta doble evidencia sugiere podrían poner algunas objeciones legítimas. Una es que el estudio de China es un estudio estadístico y que trabaja sobre una muestra reducida. Eso es cierto, pero si aceptamos la validez de la estadística como herramienta científica de obtención de datos, entonces pueden comprobar en las referencias que hemos dado, que dicha muestra, por varias razones, es altamente representativa.

También podrían decir que la estadística solamente muestra correlaciones y no relaciones de causa efecto. Correcto. Pero los resultados obtenidos son tan constantes y coherentes (no hay un solo pueblo en el que no se cumplan las correlaciones expuestas) que la probabilidad de que la relación sea causal parece ya estadísticamente tan alta que podemos aplicar confianzas mayores del 95%, y podemos muy razonablemente suponer una relación causal. Puede haber, y seguramente habrá, individuos que a pesar de consumir una alta cantidad de productos animales en su dieta, o de proteínas y grasas, no padezcan ninguna de las enfermedades asociadas a una edad avanzada, exactamente de la misma manera que existen personas que fuman dos paquetes de cigarrillos diarios toda su vida y aún así se mueren a los 100 años sin haber padecido cáncer de pulmón.

Pero unos pocos individuos excepcionales no hacen la estadística y no dan información científica suficiente en base a la cual tomar decisiones racionales. Recordemos que experimentalmente se ha encontrado que solamente un 2-3% de las enfermedades crónicas podrían estar causadas fundamentalmente por la genética. Porcentaje que los biólogos están encontrando en relación a la expresión génica, la epigenética explica en un 98%, al menos, el comportamiento del ADN (ver en referencias, Máximo Sandín y tiren del hilo).

Además, lo que sugieren las estadísticas con una confianza del 95% o más es comprobado por los experimentos con ratas al 100%. Aquí las mismas personas podrían decir que los experimentos en ratas no tienen porqué ser aplicables a humanos, y con toda propiedad, por ejemplo, en gatos la taurina es una aminoácido esencial y en los humanos no.

A esta objeción T. Colin Campbell responde en su libro:

“La profundidad y consistencia de estos hallazgos permite afirmar con rotundidad que son muy relevantes para los humanos por cuatro razones. Primero, la necesidad de ingerir proteínas en las ratas es casi idéntica a la de las personas. Segundo, la acción de las proteínas es prácticamente la misma en nosotros y en las ratas. Tercero, el nivel de ingesta de proteínas que causa desarrollo de tumores es el mismo que el de los seres humanos. Y cuarto, la etapa inicial del cáncer es mucho menos importante que la etapa de desarrollo, tanto en los roedores como en las personas.

 Además existe la tercera evidencia, la clínica. La reversión de estados de enfermedad crónica (cardiopatías, cánceres, diabetes…) en el momento en que se dejan de consumir un exceso de proteínas y de grasas, sobre todo de procedencia animal, como la experiencia clínica de doctores y profesionales de la salud como John Macdougall, Caldwell Esselstyn, Michael Greger, Joel Furhman, Neal Barnard, Michael Klaper, Douglas Graham, Ruth Heidrich y otros demuestran.

Con este grado de coherencia en los más diversos ámbitos de la evidencia (teórica, estadística, experimental y clínica, incluyendo en esta última la evidencia anecdótica o la experiencia personal), se puede concluir que la dieta más apropiada para el ser humano generalmente será una dieta basada en alimentos vegetales y con poca o ninguna cantidad de productos de origen animal.

 Con la información aportada en estos tres artículos creemos que la pregunta ¿Por qué ser veganos? queda sobradamente contestada.

Referencias de este artículo:

1.- Sirtori CR, Noseda G, and Descovich GC. “Studies on the use of a soybean protein diet for the management of human hyperlipoproteinemias.” In: M. J. Gibney and D. Kritchevsky(eds.), Current Topics in Nutrition and Disease, Volume 8: Animal and Vegetable Proteins in Lipid Metabolism and Atherosclerosis., pp. 135–148. New York, NY: Alan R. Liss, Inc., 1983.

2.- Carroll KK. “Dietary proteins and amino acids – their effects on cholesterol metabolism.” In:M. J. Gibney and D. Kritchevsky (eds.), Animal and Vegetable Proteins in Lipid Metabolism and Atherosclerosis, pp. 9–17. New York, NY: Alan R. Liss, Inc., 1983.

3.-Carroll KK, Braden LM, Bell JA, et al. “Fat and cancer.” Cancer 58 (1986): 1818–1825.

4.- Wynder EL, and Gori GB. “Contribution of the environment to cancer incidence: an epidemiologic exercise.” J. Natl. Cancer Inst. 58 (1977): 825–832.

5.-  Drasar BS, and Irving D. “Environmental factors and cancer of the colon and breast.” Br. J.Cancer 27 (1973): 167–172.

6.-  Haenszel W, and Kurihara M. “Studies of Japanese Migrants: mortality from cancer and other disease among Japanese and the United States.” J Natl Cancer Inst 40 (1968): 43–68.

7.- Higginson J, and Muir CS. “Epidemiology in Cancer.” In: J. F. Holland and E. Frei (eds.),Cancer Medicine, pp. 241–306. Philadelphia, PA: Lea and Febiger, 1973.

8.-  Doll R, and Peto R. “The causes of cancer: Quantitative estimates of avoidable risks of cancer in the Unites States today.” J Natl Cancer Inst 66 (1981): 1192–1265.

9.-  Lazarou J, Pomeranz B, and Corey PN. “Incidence of adverse drug reactions in hospitalized patients.”JAMA 279 (1998): 1200–1205.

10.- World Health Organization. Technical Report Series No. 425. “International Drug Monitoring: the Role of the Hospital.” Geneva, Switzerland: World Health Organization, 1966.

 11.-  Madhavan TV, and Gopalan C. “The effect of dietary protein on carcinogenesis of aflatoxin.” Arch. Path. 85 (1968): 133–137

12.-  Hawrylewicz EJ, Huang HH, Kissane JQ, et al. “Enhancement of the 7,12-dimethylbenz(a)a nthracene (DMBA) mammary tumorigenesis by high dietary protein in rats.” Nutr. Reps. Int. 26 (1982): 793–806.

13.-  Huang HH, Hawrylewicz EJ, Kissane JQ, et al. “Effect of protein diet on release of prolactin and ovarian steroids in female rats.” Nutr. Rpts. Int. 26 (1982): 807–820.

14.- Global production and consumption of animal source foods.” Journal Nutrition. 2003 Nov;133(11 Suppl 2):4048S-4053S. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14672310

15.-Rev Sci Tech. 2011 Apr;30(1):31-49. “Current and predicted trends in the production, consumption and trade of live animals and their products.” Narrod CTiongco MScott Rhttp://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21809752

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