Por qué comer crudo

Nosotros procuramos comer  la mayor parte de nuestra dieta en estado crudo, es decir, sin realizar ningún tipo de cocción previa. Muchas veces estamos varias semanas seguidas comiendo el 100% de nuestras calorías crudas, pero cuando nos apetece variar nuestra dieta comemos ciertos alimentos cocinados, tomando una serie de precauciones:

1.- Comemos  nuestros alimentos cocinados por la noche, en la última comida del día, con el objetivo  de que no se junte en ninguna parte del tracto digestivo con los alimentos crudos, que viajan mucho más rápido. Por ejemplo, si a la comida comemos patatas al vapor y brécol con guisantes y a la cena, cuatro o cinco horas después, comemos solamente plátanos, fácilmente estos últimos alcanzarán en algún punto del tracto digestivo al bolo alimenticio de la comida y podríamos tener algunas molestias a nivel intestinal.

2.- Utilizamos métodos de cocción suaves solamente, hervido o al vapor. Nada de fritos, horneados o métodos que impliquen temperaturas mayores de 100º.

3.- Comemos platos sencillos y bajos en grasas. Nada de grasas refinadas como aceites de  ningún tipo. Por supuesto nada de alimentos procesados.

De manera que en el cómputo global mantenemos una dieta en la que un 90-95% de las calorías son crudas y el resto cocinadas. Y procuramos, en el tiempo, no bajar de esa marca, incluso procuramos que la frecuencia no sea grande (1-3 veces por semana como mucho), puesto que en seguida notamos la diferencia cualitativa en nuestra vitalidad y bienestar general si comemos, por ejemplo, una comida cocinada varios días seguidos. Es decir, notamos indefectiblemente menos energía y digestiones más pesadas, incluso interfiere en la calidad del sueño.

Nuestra experiencia nos sugiere que una dieta 100% cruda el 100% del tiempo es lo ideal y totalmente factible y es a lo que aspiramos. La experiencia de otros crudiveganos que llevan varios años confirma nuestra intuición, al mismo tiempo que la ciencia nutricional actual. Una dieta formada exclusivamente por frutas, verduras de hoja y algunos frutos secos en estado crudo pueden aportar todos los nutrientes conocidos y necesarios para un ser humano. Los casos de la vitamina b12 y la vitamina D, en realidad nutrientes extra-alimentarios, merecen mayor consideración y volveremos sobre ellos en otros artículos.

Nuestras experiencias a nivel personal que continuamente tenemos, como el hecho de que la digestión siempre es más eficiente, rápida y agradable o que el nivel de satisfacción es infinitamente mayor comiendo estos alimentos antes que los cocinados por muy saludables que sean, son para nosotros nuestra mayor referencia a la hora de tomar decisiones, aunque la ciencia y, con muchas más reservas por razones que comentaremos,  los estudios científicos oficiales evidentemente pueden ser de valiosa ayuda para profundizar en la interpretación de nuestras experiencias y nos ayudan a tomar decisiones con menor probabilidad de error, siempre que sepamos separar el grano de la paja, la  verdad de la mentira o de la omisión, los intereses humanos de los intereses económicos.

Porque existen razones científicas por las que el porcentaje de alimentos cocinados debe ser el mayor posible, razones nutricionales fundamentadas en los procesos químicos resultantes de calentar un alimento por encima de 42º. Formación de sustancias cancerígenas como la acrilamida o aminas heterocíclicas, formación de productos por glucosilación avanzada, fenómenos de fusión de aminoácidos, de aminoácido con azúcares o ácidos grasos, etc. De la misma manera que existen miles de sustancias en una planta, de las que se conocen solo unas docenas o unos cientos, realmente no se conocen todas las sustancias que se forman en el acto de cocinar, sobre todo a altas temperaturas, sustancias que ningún organismo vivo necesita puesto que ningún ser vivo excepto el ser humano consume alimentos cocinados, y nuestra fisiología básica es idéntica, nuestro cuerpo está formado por células cuyo funcionamiento básico (en lo que se conoce) es igual al de cualquier otra célula eucariota.

Como también se destruyen nutrientes (por ejemplo una dieta 100% cocinada es totalmente deficiente en vitamina C y producirá escorbuto casi seguro) y tampoco conocemos todos los nutrientes que hay en los alimentos en su estado natural ni todos los que el cuerpo necesita, los alimentos crudos vegetales siempre deben ser el centro de cualquier dieta que pretenda ser sana.

También existen evidencias anecdóticas que sugieren que una dieta 100% cruda baja en grasa es lo mejor. Cecilia ha tenido una de estas experiencias y hay personas que no pueden superar una colitis ulcerosa, por ejemplo, si no comen estrictamente 100% crudo baja en grasa. Es decir, cada vez más existen problemas de salud que solo parecen ser superables siguiendo una dieta 100% crudivegana baja en grasa como fundamento del proceso de curación, quizás apoyada por la ingesta temporal de ciertos suplementos. Evidentemente estamos simplificando un poco porque existen una cantidad enorme de variables a tener en cuenta, es cuando cruzamos estas anécdotas con la experiencia personal, más experiencias ajenas, los estudios científicos, las recomendaciones oficiales y las teorías biológicas que surge la certidumbre basada en una coherencia global de todas esas fuentes de información.

Nosotros adoptamos la postura de quienes defienden que el mínimo porcentaje de crudos debe ser del 75%, aunque nosotros personalmente ya no nos encontramos cómodos muy por debajo del 90% y lo ideal en todos los sentidos imaginables es comer 100% crudivegano.  Está demostrado científica e históricamente que una dieta vegana baja en grasas con mucho cocinado (cereales, legumbres,etc) puede ser muy saludable, siempre que haya una ingesta mínima de plantas crudas, por lo que creemos que aún es posible planificar las dietas siguiendo ciertos principios aún más importantes y seguir una dieta mixta, la cual puede servir como transición a una dieta 100% cruda o se puede adoptar de manera permanente, según los casos.

Por qué ser veganos (y qué es ;) ) parte I

El veganismo dietético o vegetarianismo estricto consiste en la renuencia a ingerir ningún alimento de origen animal, esto es, ni carnes o pescados, ni leche o sus derivados, ni huevos ni miel. Veganos son aquellas personas que practican el veganismo, el cual muchas veces denomina también a toda una postura ideológica de defensa de los derechos de los animales en la cual otros productos de origen animal no alimentario son también excluidos, como el cuero y todos aquellas actividades donde esté involucrada la explotación de un animal, como circos, corridas de toros, zoológicos, etc .

Nosotros nos centraremos en principio en el aspecto dietético del veganismo. Entonces la pregunta lógica es porqué hemos decidido dejar de comer esos productos cuando nos hemos criado en una sociedad que los ve como buenos y hasta como esenciales en la dieta de un ser humano. Las razones, resumidas en unos pocos términos y por orden de importancia según nuestra experiencia, son:

1.- Psicológicos: Básicamente los seres humanos carecemos de una estructura emocional dirigida a obtener placer con la muerte y descuartizamiento de otro ser vivo con objeto de alimentarnos, aunque parezca lo contrario dada la historia humana (algo que da que pensar).

2.- Anatómicos y fisiológicos: Los enumeramos en una tabla a continuación. Nuestra anatomía y fisiología general y en concreto la digestiva es en todo la correspondiente a un animal herbívoro, y dentro de éstos, especializado en comer frutas, hojas suculentas y cierta cantidad de frutos secos.

3.- Sanitarios: Los efectos devastadores de un consumo excesivo de los productos animales citados son una de las epidemias del siglo XX y XXI, como infinidad de estudios no manipulados vienen recogiendo desde hace años. Incluso los organismos oficiales se hacen eco lentamente de este serio problema global.

Comentaremos cada punto por separado, veamos unas fotos antes:

     

   1.- Hablamos de placer porque el acto de la nutrición, como todas aquellas actividades que favorecen la supervivencia del organismo, nos produce placer. Ante la suculenta imagen segunda de los trozos de plátano naturalmente salivamos. Ante los trozos de carne cruda de la primera  imagen, naturalmente sentimos rechazo. Aquí se presenta el problema de que nuestros sentidos han sido “civilizados”, vale decir pervertidos, puesto que si salivamos ante la imagen de la carne cruda, lo hacemos por un mecanismo de asociación con la misma carne cocinada, que ya deja de ser químicamente el mismo producto en muchos aspectos y sobre todo para el sentido del gusto y otros. Así como se debe “aprender” a saborear el vino o el tabaco, se debe “aprender” a saborear la carne cruda, la mayoría de las culturas y a la mayoría de las personas les repugnan la carne cruda, sin cocinar o sin sazonar, sin un enmascaramiento de su naturaleza.

También es innegable el hecho de que carecemos de un instinto innato de caza, la imagen del cervatillo nos inspira ternura antes que deseos de matarlo, descuartizarlo y consumirlo, ya vimos que mucho menos crudo. Un manojo de plátanos en el árbol nos inspira de inmediato a alzar la mano y agarrar, a recolectar. De nuevo es la civilización la que nos convierte en cazadores artificiales, por razones culturales u oportunistas (supervivencia), que a veces vienen de la mano, y esto desde hace unos miles de años.

La visión del ser humano como recolector y cazador, anteponiendo lo de “cazador” en cantidad e importancia, es una deformación de la realidad, una ceguera ante nuestra psicología innata, gregaria y pacífica, además de otras cualidades puramente físicas que describimos abajo. ¿Alguien puede pensar que la visión de un cadáver, sea del animal que sea, es agradable? ¿Alguien puede pensar que es agradable ser el brazo ejecutor de ese ser vivo? Nosotros creemos que no.

Resumiendo, los seres humanos no obtenemos placer ante la visión de sangre, vísceras, ante el acto de matar a un ser vivo (muchas veces inquietatemente semejante a nosotros, otro mamífero) mientras nos mira a los ojos, no obtenemos un placer innato y no adquirido al masticar malamente trozos de carne cruda, que ni siquiera podemos saborear (saben a nada, cualquiera puede hacer la prueba), al contrario que un carnívoro real, que disfruta persiguiendo, ahogando, matando y desgarrando con medios propios un animal recién muerto. Desde un punto de vista psicológico, apoyado por el resto de nuestras características como especie, los seres humanos  no somos ni cazadores ni carnívoros natos.

Por qué ser vegano parte II

2.- Pasemos ahora a analizar el segundo punto expuesto en el artículo “porqué ser veganos I”. Primeramente expondremos las siguientes tablas:

CaracterísticasAnatómicas Carnívoros Humanos Herbívoros Omnívoros
Músculos faciales Reducidos Bien desarrollados Bien desarrollados Reducidos
Tipo de mandíbula Ángulo no expandido Ángulo expandido Ángulo expandido Ángulo no expandido
Localización articulación mandíbula En el mismo plano que los dientes molares Por encima del plano de los molares Por encima del plano de los molares En el mismo plano que los molares
Movimiento mandíbula Cortante, mínimo movimiento lateral No cortante. Buen movimiento lateral No cortante. Buen movimiento lateral Cortante, mínimo movimiento lateral
Músculos principales masticación Temporal Masetero y pterigoideos Masetero y pterigoideos Temporal
Apertura de la boca en relación al tamaño de la cabeza Amplia Pequeña Pequeña Amplia
Incisivos Pequeños y puntiagudos Anchos, aplanados y con forma de pala Anchos, aplanados y con forma de pala Pequeños y puntiagudos
Caninos Grandes, afilados y curvos Romos y pequeños Romos, pequeños o grandes (para la defensa) Grandes, afilados y curvos
Molares Afilados, picudos y con forma de espada Planos con cúspides nodulares Planos con cúspides y una superficie compleja Tipo espadas afiladas o planos
Masticación Ninguna, se traga la comida entera Necesaria masticación extensa Necesaria masticación extensa Traga la comida o la aplasta
Tipo de estómago Simple Simple Simple o múltiple Simple
Capacidad estómago 60%-70% del volumen total del tubo digestivo 21%-27% del volumen total del tracto digestivo Menos del 30% del volumen total del tracto digestivo 60%-70% del volumen total del tracto digestivo
Longitud intestino delgado 3-6 veces la longitud corporal 10-11 veces la longitud corporal 10 a más de 12 veces la longitud corporal 4-6 veces la longitud corporal
Colon Simple, corto y suave Largo y saculado Largo, complejo y puede que saculado Simple, corto y suave
Uñas Garras afiladas Uñas planas y débiles Uñas planas o pezuñas desafiladas Garras afiladas
Características Fisiológicas Carnívoros Humanos Herbívoros Omnívoros
Saliva Sin enzimas digestivas Enzimas digestivas para carbohidratos Enzimas digestivas para carbohidratos Sin enzimas digestivas
Acidez estómago Menor o igual a 1 con comida en el estómago 4-5 con comida en el estómago 4-5 con comida en el estómago Menor o igual a 1 con comida en el estómago
Hígado Puede destoxificar vitamina A No puede detoxificar vitamina A No puede detoxificar vitamina A Puede detoxificar vitamina A
Riñón Orina extremadamente concentrada Orina diluida o moderadamente concentrada Orina moderadamente concentrada Orina extremadamente concentrada
Vitamina C Pueden producirla No puede producirla, debe obtenerla de la dieta Algunos pueden y otros no Puede producirla
Detoxificación ácido úrico Producen uricasa, una enzima que les hace eficaces en la neutralización y eliminación del ácido úrico No produce uricasa No producen uricasa Producen uricasa
Enzimas digestiva celulosa No producen celulasa No producimos celulasa Producen celulasa No producen celulasa

En primer lugar hay que entender que la clasificación dietética puede ser un poco engañosa y no tiene valor taxonómico por sí sola, ya que todo animal puede ingerir cualquier sustancia, y muchas de ellas las puede digerir en mayor o menor medida, pero se observa claramente en los otros animales que con determinadas dietas enferman y con otras medran, es decir, recuperan y conservan la salud. Por ejemplo, ya aberra al pensamiento la imagen de una vaca comiendo carne cruda, mientras que todo lo contrario la misma imagen de la vaca pastando. De la misma manera la industria ganadera tiene muchos problemas derivados de alimentar a las vacas exclusivamente de cereal, un alimento adecuado para los pájaros y no para las vacas (muchos lectores se acordarán del famoso caso de las vacas locas, generado por alimentar a las vacas precisamente con despojos cárnicos).

Así que cada una de las categorías de carnívoro, herbívoro u omnívoro las utilizamos con el significado siguiente: Un animal pertenece a una de esas categorías cuando medra (permanece sano, activo y vive su periodo vital completo) comiendo productos animales exclusivamente, productos vegetales exclusivamente o ambos, respectivamente.

Cuando estudiamos la anatomía y fisiología de un animal que presenta en libertad una fuerte preferencia dietética, descubrimos que también presenta adaptaciones consecuentes con esa dieta que optimiza sus posibilidades de supervivencia en un entorno determinado. Estas adaptaciones le permiten obtener, digerir y asimilar con mucha más facilidad los alimentos que configuran su dieta preferente.

Puesto que somos también seres vivos con los puntos en común ya comentados en el artículo “Sobre el concepto de Gastronomía”, cabe esperar que el fenómeno descrito arriba se dé también en los seres humanos, es decir, que exista una dieta óptima para el ser humano y que un análisis de nuestras características  anatómicas y fisiológicas puede indicarnos con alto porcentaje de certidumbre que alimentos son los más adecuados para nosotros, con cuáles realmente medramos, conservamos nuestra salud y hasta podemos recuperarla más fácilmente con esa dieta si la perdemos por las causas que sean.

Como se puede observar en esta lista  no totalmente exhaustiva,  los humanos coincidimos en la mayoría de las características anatómicas y fisiológicas con el grupo de los herbívoros. Por lo tanto no somos ni carnívoros ni omnívoros, en el sentido en que estamos definiendo estas categorías aquí, por lo que debemos buscar entre los distintos tipo de plantívoros (herbívoros, granívoros, frugívoros) la categoría a la que pertenecemos y así encontrar nuestra dieta óptima.

De momento vamos a resumirlo gráficamente mediante la muestra de los cráneos de distintos animales.

   Aquí, de izquierda a derecha, cráneos de león, oso y murciélago vampiro.

De izquierda a derecha, cráneos de vaca, murciélago frugívoro y humano.

De izquierda a derecha, cráneos de bonobo, chimpancé y gorila.

Es destacable cómo incluso la dentadura del murciélago frutívoro presenta muchas similitudes con los dientes de los animales plantívoros (vaca y primates), al igual que el ser humano, así como otros aspectos como el punto de anclaje de la mandíbula, siempre por encima de los molares inferiores en todos los plantívoros, al contrario de lo que se puede ver en las tres primeras fotos, correspondientes a carnívoros y omnívoros. El oso presenta molares que tienen características mixtas entre los molares de los carnívoros y las de los plantívoros. En su caso otras características clave, como la mandíbula y las garras, entre otras que lo capacitan como un excelente cazador por sí mismo, nos diferencian de él, de manera que tampoco caemos en la categoría de los omnívoros.

También nos puede guiar en esta búsqueda el reconocer que alimentos nos parecen más agradables y suculentos en su estado natural y crudo, algo íntimamente relacionado, como no puede ser de otra manera, con nuestra capacidad de digerir dichos alimentos.

Es obvio que nuestros alimentos óptimos son los que compartimos con el resto de los animales frugívoros y más cercanamente con los primates: las frutas, las hojas suculentas y los frutos secos. Las diferencias con los otros primates determinan ciertos cambios en las proporciones de esos grupos y en la naturaleza de algunos de ellos, básicamente nosotros tenemos mucha menos tolerancia hacia grandes cantidades de fibra no soluble, de ahí que nuestra preferencia y adaptación biológica se dirija hacia verduras suculentas, es decir, plantas con cantidades menores de celulosa, que suelen ser las jóvenes y ciertas especies, como las lechugas.

Por qué ser vegano parte III

3.- el apartado tres es prácticamente un corolario de los otros dos. Al no ser el consumo de productos animales una acción sancionada positivamente por nuestra psicología ni nuestra biología, tiene sus consecuencias en ambos niveles, es decir, tiene consecuencias en nuestra salud integral y esto se lleva midiendo desde hace muchos años, de hecho desde hace miles de años, por ejemplo en el hecho de que los pueblos que más productos animales han consumido tradicionalmente siempre han estado más enfermos y han tenido una esperanza de vida bastante inferior.

Es casi trivial que dada la complejidad de los sistemas vivos, las enfermedades siempre son de origen multifactorial, aunque en ocasiones unos pocos o incluso un solo factor, pueden llegar a ser claves para el desarrollo y la curación del desequilibrio que en realidad constituyen las enfermedades. En este artículo mostraremos qué sugieren los datos acerca de la influencia de la dieta, de lo que comemos sobre todo, en el desarrollo de la enfermedad.

En primer lugar mostramos cómo la impresión que muchas personas tienen de que cada vez estamos más enfermos como sociedad es acertada; cualquiera, sino es él mismo el afectado, conoce a varias personas más o menos cercanas que padecen o han padecido cáncer, SIDA, muertes súbitas a todas las edades, alzheimer, parkinson, problemas digestivos, caries…, y pareciera que cada año que pasa el número de afectados de todos estos problemas crónicos es mayor, y estamos asistiendo desde principios del siglo XX a un espectacular y repentino incremento de las llamadas enfermedades crónicas, tras un descenso igual de repentino, sobre todo en las ciudades, de las enfermedades infecciosas en los países desarrollados.

 mortalidad en USA comparativa

Se observa claramente como, en este caso en los Estados Unidos, las causas de mortalidad principales se han desplazado de las enfermedades infecciosas hacia las enfermedades crónicas.

La causa de las primeras está fuertemente relacionada con los sistemas de higiene públicos (también la higiene privada), que no han estado generalizados en las ciudades durante gran parte de la historia en todas partes del mundo.

Aquí se puede ver como en el mismo país la tendencia de la prevalencia de las enfermedades crónicas es alcista:

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La situación de Estados Unidos es totalmente representativa del resto de los países desarrollados, en realidad, van a la cabeza seguidos de cerca por el resto, es decir tienen todavía más enfermos, más gasto sanitario y mayor incremento de enfermos crónicos cada año.

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Porcentaje del PIB empleado en gastos sanitarios en EEUU (claro indicador del incremento del número de enfermos)

 Por ejemplo en los países de la OCDE (entre los que se encuentran España, México, Francia, Alemania y muchos países desarrollados) se ve el mismo patrón:

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Un hecho sospechoso es que a medida que un país adopta un determinado estilo de vida, en concreto los medios de producción alimentaria y la alimentación occidental, representada fundamentalmente por la de Estados Unidos, en poco tiempo las gráficas anteriores muestran casi con total exactitud las tendencias sanitarias de dicho país. Y son un muy mal ejemplo, aquí se ve como están más enfermos que nadie, más ciegos que nadie en un país de ciegos:

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Gasto sanitario por persona y año

Para más muestra pondremos un par de citas extraídas de “El estudio de China”, libro en el que se recopila una enorme cantidad de información relativa a la relación entre enfermedad y la alimentación:

 “Desde todo punto de vista, la salud norteamericana se está deteriorando. El gasto per cápita en cuidados sanitarios es muy superior al de cualquier otra sociedad del mundo y, sin embargo, dos tercios de los norteamericanos tienen sobrepeso y más de 15 millones padecen diabetes, una cifra que está creciendo rápidamente. Sufrimos enfermedades cardíacas con la misma frecuencia que hace treinta años y la campaña de la Guerra contra el cáncer, iniciada en la década de los setenta, ha sido un enorme fracaso. La mitad de los estadounidenses tiene problemas de salud que requiere una receta semanal de fármacos y más de 100 millones presentan altos niveles de colesterol. Para empeorar las cosas, estamos consiguiendo que nuestra juventud enferme a edades cada vez más tempranas. Un tercio de los niños de Estados Unidos tiene sobrepeso o corre el riesgo de tenerlo. Son cada vez más propensos a una forma de diabetes que antes sólo se observaba en adultos y ahora toman más fármacos que nunca.” (de la introducción)

“Incremento del porcentaje en la incidencia de la enfermedad de 1990 a 1998

 30–39 años (70%) • 40–49 años (40%) • 50–59 años (31%)”

Queremos recalcar lo que expresa la segunda cita, en 8 años, ha habido un 70% más de enfermos entre el grupo de 30-39 años.

En el libro también aportan datos acerca de cómo claramente los “tratamientos” convencionales para estas enfermedades no están funcionando (9,10) y se aplican a pesar de que existe otro mucho mejor con muchos menos efectos secundarios, una dieta vegana baja en grasas y proteínas, como mostraremos que sugiere fuertemente la evidencia científica.

La tesis que defendemos en este blog es que la causa fundamental de la enfermedad, de cualquier estado de desequilibrio al que denominamos enfermedad x, es un cambio en los factores ambientales (siendo uno de los principales la dieta), que posibilitan al organismo mantenerse sano, su objetivo fundamental.

Esto es consecuente con el fenómeno de desaparición de las enfermedades infecciosas cuando mejoran las condiciones sanitarias, sobre todo en núcleos de alta densidad poblacional, algo que empezó a ocurrir de forma generalizada a principios del siglo XX.

Es consecuente también con el hecho de que esta disminución hasta la casi desaparición de las enfermedades infecciosas se produjo antes del empleo masivo de las vacunas y los antibióticos, y por tanto ni éstas ni aquellos son la causa fundamental y primera de  esa desaparición.

En otro artículo hablaremos detalladamente de la superstición conocida como vacunación.

Por lo tanto, lo lógico es pensar lo mismo de las enfermedades crónicas, que como ya hemos mostrado, presentan un incremento alarmante, pronunciado y constante en todo el mundo “desarrollado”.

Habiendo descartado una causa (la falta de Higiene), existen ciertas estadísticas que sugieren otra íntimamente relacionada con el estilo de vida y, concretamente, con la alimentación:

En esta web http://rstb.royalsocietypublishing.org/content/365/1554/2793.full se puede ver como el consumo de carne a nivel mundial desde 1963 se ha triplicado (por incremento de la disponibilidad, nueve veces más en china), se ha duplicado el consumo de huevos a nivel mundial desde la misma fecha, y se ha mantenido el consumo a nivel mundial de leche, desde 1963 debido a un ligero descenso en el consumo en los países desarrollados (por competencia de las bebidas edulcoradas, como la coca cola). Los niveles se mantienen muy por encima de los anteriores (desde principios del siglo XX). Al mismo tiempo ha disminuido el consumo de patatas, cereales (o se ha mantenido igual), legumbres, frutas y verduras, lógicamente por otra parte.

Algo muy a tener en cuenta es que este espectacular incremento del consumo de productos animales está íntimamente ligado a un incremento en la producción y sobre todo, desde la invención de los camiones cisterna, la pasteurización y otros métodos de conservación empleados masivamente (como el empleo de nitritos y otros productos para la carne), de la distribución. También ha contribuido la mejora generalizada del poder adquisitivo en muchos países que trajo un aumento en la demanda de estos productos, pues su consumo siempre ha venido aparejado a una percepción de estatus social superior, el que podía permitirse comer gran cantidad de estos productos era considerado rico, aunque solo fuera de clase media.

En este estudio (14) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14672310 se muestra que ha habido un incremento continuado de la producción de productos de origen animal, y continúa creciendo, estando su consumo íntimamente ligado al poder adquisitivo de las personas, por lo que se consumen más en aquellos países con amplias clases medias, relativamente adineradas.

Aquí (15) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21809752 se puede ver como a medida que los países se hacen “más ricos” (Brasil, China, India, Tailandia) rápidamente se incrementa la producción y el consumo de productos animales, así como las enfermedades crónicas que hemos visto que asolan los países desarrollados empiezan a ser epidémicos en dichos países emergentes.

Es decir existe una posible correlación (en realidad está más que demostrada, como veremos) entre el incremento del consumo de productos animales y el incremento de la enfermedad crónica. La pregunta lógica entonces sería, ¿es dicho incremento, y lo que conlleva, como una disminución en la ingesta de alimentos como las frutas, verduras, cereales, legumbres, la causa primordial del incremento espectacular y verdaderamente epidémico de la enfermedad crónica? Y con enfermedad crónica hablamos también de “meros” problemas digestivos, y otras molestias que obligan a más de la mitad de la población de muchos países a consumir medicamentos para evitar tener que  buscar una solución real y permanente a, de hecho, problemas de salud, a los cuales, a día de hoy y, en vista de los estudios, el sistema sanitario negligentemente no ofrece en ningún país.

Veremos que la respuesta es un rotundo sí.

El estudio de China es un libro publicado por T. Colin Campbell  (ver referencias), un bioquímico especializado en los efectos a largo plazo de la nutrición en la salud, escrito con el objeto de acercar al público los resultados de un estudio que duró más de 20 años realizado en toda China a partir de los años 80 del pasado siglo. Este estudio surgió a raíz de otro sobre la mortalidad por diferentes enfermedades realizado en China y que abarcó prácticamente la totalidad de la población china (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/7287273). En este estudio se mostraba que existía una disparidad muy pronunciada en la incidencia de cáncer entre distintas regiones del país. Además la causalidad genética quedaba razonablemente fuera de toda consideración debido a que el 87% de la población china pertenece al mismo grupo étnico: los Han.

Así que Campbell y otros científicos, tanto chinos como estadounidenses, pensaron en organizar otro estudio similar, esta vez tomando una muestra entre la población china rural (más de 65 condados, se pueden ver los detalles aquí http://www.tcolincampbell.org/?id=442 ), aplicado a la misma población, para estudiar las posibles razones de esta y otras disparidades en los índices de mortalidad dentro de la geografía china, lógicamente encauzado a medir todas las posibles variables relativas al estilo de vida como pueden ser cantidad de calorías consumidas, colesterol en sangre, análisis de sustancias en orina, tipo de alimentación, etc, en total se midieron más de 367 variables.

En primer lugar encontraron una diferencia bien marcada en el tipo de enfermedades que prevalecían en las zonas ricas respecto de las de las zonas pobres en la china rural.

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Donde se puede ver que las enfermedades propias de las zonas ricas son las mismas que aquejan a los habitantes de los países que siguen dietas occidentales. Además se encontró que en aquellas regiones donde abundaba una de las afecciones de una de las categorías, también abundaban las demás. Las comparaciones están estandarizadas por edad, de esta manera se descartó la influencia de la esperanza de la vida como factor causal de ninguna de las enfermedades. Es decir, no se encontró que hubiese más cáncer debido a que hubiese más ancianos, algo que ya es conocido debido a diversos fenómenos como el incremento del cáncer en todas las edades.

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Esta tabla muestra la diferencia entre la dieta china y la de EEUU para un individuo medio de 65 kilos. En EEUU se consume en promedio unos porcentajes en calorías de carbohidratos/proteínas/grasas de 48,5/15,5/36, siendo el 80% de las proteínas de origen animal, y en la china rural 76/9,5/14,5, siendo el 10% de las proteínas de origen animal.

Se encontró una fuerte correlación entre el nivel de colesterol en sangre y la prevalencia de las enfermedades de tipo occidental, a más colesterol en sangre, mayor porcentaje de enfermedades crónicas propias de los “ricos”, por lo que el colesterol en sangre se mostró como un predictor fiable de dichas enfermedades.

El valor mínimo de colesterol en sangre en occidente está alrededor de 170 mg/dl, mientras que la media china era de 127 mg/dl y se encontró que la incidencia de cánceres de todo tipo descendía a medida que el colesterol en sangre bajaba de 170.

En algunas regiones se consumían tan pocas proteínas animales como 7 gr/día, frente a los 70 gr/día de EEUU, y sin embargo se encontró que esa pequeña cantidad estaba fuertemente asociada a un incremento proporcional en la incidencia de enfermedades crónicas. Esto sugiere que no existe una cantidad mínima inocua de productos animales.

En el siguiente gráfico mostramos como se relaciona el colesterol en sangre con la dieta

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En estos estudios (1,2) se muestra experimentalmente que las proteínas animales incrementan el colesterol en sangre más que las propias grasas saturadas (la mayoría de origen animal).

También se encontró una fuerte correlación entre el consumo de grasa y la incidencia de cáncer, existía mayor incidencia de cánceres en aquellas regiones donde se consumía mayor cantidad de grasa, que en China era equivalente a un mayor consumo de productos animales (la mayoría elevados en grasa y proteínas), resultado que venía a sumarse a varios estudios que encontraron la misma relación (3,4,5) y otros estudios sobre migraciones encontraron que el estilo de vida (sobre todo cambiaban la dieta de su país por el del país al que emigraban) es la causa principal de dicha enfermedad (6,7) hasta el punto de que solamente el 2-3% de todos los cánceres pueden considerarse causados por razones genéticas (8) (a día de hoy imposible de ser influenciadas directamente).

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En este gráfico podemos apreciar que la incidencia es mínima para una cantidad aproximada de 30 gramos de grasas por día, lo que equivale a una proporción calórica de 10,3-13,5% según sea la cantidad de calorías totales consumidas (2600, en China, o casi 2000 estilo en EEUU).

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Aquí vemos que cuando la ingesta de grasas animales se acerca a 0, la incidencia se acerca a su mínimo. Esta es la segunda evidencia que sugiere que no hay valor mínimo inocuo de productos animales a consumir.

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Aquí vemos que la incidencia es mínima para una cantidad de grasa vegetal casi cuatro veces superior a la cantidad de grasa animal correspondiente.

Las dos últimas gráficas muestran evidencias sugiriendo que los productos animales y el ser humano no se llevan demasiado bien, al contrario que con los productos vegetales comestibles.

En la china rural la mayoría de las personas consumen una dieta prácticamente vegetariana baja en grasa y proteína, como ya hemos visto. El estudio de China encontró una fuerte correlación entre el incremento del consumo de productos animales (por tanto una elevación en la ingesta de proteínas y grasas) y el incremento de la incidencia de muchas enfermedades crónicas. Hemos visto que existe evidencia de que mantener bajas las grasas totales en la dieta disminuye la incidencia de estas afecciones, pero que las grasas animales tienen un efecto más relevante en dicho efecto.

Lo mismo se cumple para las proteínas animales respecto de las vegetales. Hemos visto que la población china más sana, la que menos enfermedades crónicas padecía, consumía un 10% aproximadamente de proteína total en la dieta, y que a lo más, un 10% de esa proteína era de origen animal, estando ese consumo fuertemente correlacionado con el incremento de las enfermedades crónicas. Hemos visto que existen estudios mostrando una relación entre el consumo de proteína animal y el colesterol en sangre alto, a su vez relacionado directamente con una mayor probabilidad de padecer enfermedades crónicas, entre ellas cáncer.

T. Colin Campbell ya había estudiado experimentalmente en ratones la influencia de las proteínas en la dieta, en cuanto a su cantidad y procedencia, en la aparición y desarrollo de un proceso canceroso. Intentaremos resumir sus asombrosos resultados en unas cuantas gráficas.

Encontró mecanismos fisiológicos mediante los cuales la cantidad de proteínas influía en el metabolismo de las ratas, de manera que la aflatoxina, un potente cancerígeno de origen natural (procedente de hongos que se pueden desarrollar en los cacahuetes o en el maíz,  por ejemplo) se convertía en inocuo o en mortal dependiendo de dicha cantidad.

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Esa reducción de la actividad enzimática implicaba una menor formación de sustancias nocivas a partir de la metabolización de la aflatoxina y se encontraron otros mecanismos por los cuales la aflatoxina interactuaba menos con el metabolismo celular cuando se ingerían menos proteínas en la dieta, lo que implicaba menos toxicidad. Otros mecanismos se presentan a continuación:

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Comprobaron que el número de focos cancerosos desarrollados después de la administración de altas dosis de aflatoxina era muy reducido cuando la dieta era baja en proteínas.

image016Encontraron que el desarrollo de los focos cancerosos se aceleraba o mostraba una marcada reducción según se consumiese una dieta alta o baja en proteínas, respectivamente.

Para evaluar la cantidad máxima de proteínas que no incrementaba notablemente la actividad cancerígena de la aflatoxina, experimentaron con un rango de dieta con porcentajes calóricos de proteínas desde el 4% al 24%.

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Se encontró el límite del 10%, por encima del cual los focos empezaban a desarrollarse notablemente más rápido.

Todo esto sugería una fuerte correlación entre la dosis de proteína y la potencia carcinogénica de la aflatoxina (y por lo tanto posiblemente de muchas otras sustancias cancerígenas) a cualquier dosis. Efectivamente esto es lo que se encontró:

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 Este resultado concuerda con otros experimentos anteriores indios (11) que encontraron que ninguna de las ratas alimentadas con una dieta con un 5% de proteínas en la dieta desarrollaron cáncer ante la administración de altas dosis de aflatoxina, mientras que todas las ratas que consumían un 20% lo desarrollaron.

Y se comprobó que no todas las proteínas provocaban la misma respuesta, las proteínas especialmente promotoras del cáncer fueron las proteínas animales.

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También encontraron que este efecto protector de las dietas bajas en proteínas era el mismo en ratas genéticamente predispuestas a desarrollar cáncer.

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Ambos grupos de genes predisponen a desarrollar cáncer de hígado en las ratas que lo poseen. El comportamiento frente a la cantidad de proteína dietética fue el mismo que para los ratones sin el gen, cambiando solamente la virulencia del desarrollo.

Otros estudios han encontrado las mismas correlaciones entre proteínas (sobre todo animales y en concreto la caseína) y otros carcinogénicos (12,13).

Algunas personas que no están deseando dejar de comer productos animales a raíz de lo que toda esta doble evidencia sugiere podrían poner algunas objeciones legítimas. Una es que el estudio de China es un estudio estadístico y que trabaja sobre una muestra reducida. Eso es cierto, pero si aceptamos la validez de la estadística como herramienta científica de obtención de datos, entonces pueden comprobar en las referencias que hemos dado, que dicha muestra, por varias razones, es altamente representativa.

También podrían decir que la estadística solamente muestra correlaciones y no relaciones de causa efecto. Correcto. Pero los resultados obtenidos son tan constantes y coherentes (no hay un solo pueblo en el que no se cumplan las correlaciones expuestas) que la probabilidad de que la relación sea causal parece ya estadísticamente tan alta que podemos aplicar confianzas mayores del 95%, y podemos muy razonablemente suponer una relación causal. Puede haber, y seguramente habrá, individuos que a pesar de consumir una alta cantidad de productos animales en su dieta, o de proteínas y grasas, no padezcan ninguna de las enfermedades asociadas a una edad avanzada, exactamente de la misma manera que existen personas que fuman dos paquetes de cigarrillos diarios toda su vida y aún así se mueren a los 100 años sin haber padecido cáncer de pulmón.

Pero unos pocos individuos excepcionales no hacen la estadística y no dan información científica suficiente en base a la cual tomar decisiones racionales. Recordemos que experimentalmente se ha encontrado que solamente un 2-3% de las enfermedades crónicas podrían estar causadas fundamentalmente por la genética. Porcentaje que los biólogos están encontrando en relación a la expresión génica, la epigenética explica en un 98%, al menos, el comportamiento del ADN (ver en referencias, Máximo Sandín y tiren del hilo).

Además, lo que sugieren las estadísticas con una confianza del 95% o más es comprobado por los experimentos con ratas al 100%. Aquí las mismas personas podrían decir que los experimentos en ratas no tienen porqué ser aplicables a humanos, y con toda propiedad, por ejemplo, en gatos la taurina es una aminoácido esencial y en los humanos no.

A esta objeción T. Colin Campbell responde en su libro:

“La profundidad y consistencia de estos hallazgos permite afirmar con rotundidad que son muy relevantes para los humanos por cuatro razones. Primero, la necesidad de ingerir proteínas en las ratas es casi idéntica a la de las personas. Segundo, la acción de las proteínas es prácticamente la misma en nosotros y en las ratas. Tercero, el nivel de ingesta de proteínas que causa desarrollo de tumores es el mismo que el de los seres humanos. Y cuarto, la etapa inicial del cáncer es mucho menos importante que la etapa de desarrollo, tanto en los roedores como en las personas.

 Además existe la tercera evidencia, la clínica. La reversión de estados de enfermedad crónica (cardiopatías, cánceres, diabetes…) en el momento en que se dejan de consumir un exceso de proteínas y de grasas, sobre todo de procedencia animal, como la experiencia clínica de doctores y profesionales de la salud como John Macdougall, Caldwell Esselstyn, Michael Greger, Joel Furhman, Neal Barnard, Michael Klaper, Douglas Graham, Ruth Heidrich y otros demuestran.

Con este grado de coherencia en los más diversos ámbitos de la evidencia (teórica, estadística, experimental y clínica, incluyendo en esta última la evidencia anecdótica o la experiencia personal), se puede concluir que la dieta más apropiada para el ser humano generalmente será una dieta basada en alimentos vegetales y con poca o ninguna cantidad de productos de origen animal.

 Con la información aportada en estos tres artículos creemos que la pregunta ¿Por qué ser veganos? queda sobradamente contestada.

Referencias de este artículo:

1.- Sirtori CR, Noseda G, and Descovich GC. “Studies on the use of a soybean protein diet for the management of human hyperlipoproteinemias.” In: M. J. Gibney and D. Kritchevsky(eds.), Current Topics in Nutrition and Disease, Volume 8: Animal and Vegetable Proteins in Lipid Metabolism and Atherosclerosis., pp. 135–148. New York, NY: Alan R. Liss, Inc., 1983.

2.- Carroll KK. “Dietary proteins and amino acids – their effects on cholesterol metabolism.” In:M. J. Gibney and D. Kritchevsky (eds.), Animal and Vegetable Proteins in Lipid Metabolism and Atherosclerosis, pp. 9–17. New York, NY: Alan R. Liss, Inc., 1983.

3.-Carroll KK, Braden LM, Bell JA, et al. “Fat and cancer.” Cancer 58 (1986): 1818–1825.

4.- Wynder EL, and Gori GB. “Contribution of the environment to cancer incidence: an epidemiologic exercise.” J. Natl. Cancer Inst. 58 (1977): 825–832.

5.-  Drasar BS, and Irving D. “Environmental factors and cancer of the colon and breast.” Br. J.Cancer 27 (1973): 167–172.

6.-  Haenszel W, and Kurihara M. “Studies of Japanese Migrants: mortality from cancer and other disease among Japanese and the United States.” J Natl Cancer Inst 40 (1968): 43–68.

7.- Higginson J, and Muir CS. “Epidemiology in Cancer.” In: J. F. Holland and E. Frei (eds.),Cancer Medicine, pp. 241–306. Philadelphia, PA: Lea and Febiger, 1973.

8.-  Doll R, and Peto R. “The causes of cancer: Quantitative estimates of avoidable risks of cancer in the Unites States today.” J Natl Cancer Inst 66 (1981): 1192–1265.

9.-  Lazarou J, Pomeranz B, and Corey PN. “Incidence of adverse drug reactions in hospitalized patients.”JAMA 279 (1998): 1200–1205.

10.- World Health Organization. Technical Report Series No. 425. “International Drug Monitoring: the Role of the Hospital.” Geneva, Switzerland: World Health Organization, 1966.

 11.-  Madhavan TV, and Gopalan C. “The effect of dietary protein on carcinogenesis of aflatoxin.” Arch. Path. 85 (1968): 133–137

12.-  Hawrylewicz EJ, Huang HH, Kissane JQ, et al. “Enhancement of the 7,12-dimethylbenz(a)a nthracene (DMBA) mammary tumorigenesis by high dietary protein in rats.” Nutr. Reps. Int. 26 (1982): 793–806.

13.-  Huang HH, Hawrylewicz EJ, Kissane JQ, et al. “Effect of protein diet on release of prolactin and ovarian steroids in female rats.” Nutr. Rpts. Int. 26 (1982): 807–820.

14.- Global production and consumption of animal source foods.” Journal Nutrition. 2003 Nov;133(11 Suppl 2):4048S-4053S. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14672310

15.-Rev Sci Tech. 2011 Apr;30(1):31-49. “Current and predicted trends in the production, consumption and trade of live animals and their products.” Narrod CTiongco MScott Rhttp://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21809752

La vitamina D

En este y otros artículos hablaremos de una serie de nutrientes que los que defienden la postura de que los productos animales son necesarios para el mantenimiento de la salud o incluso para sobrevivir (estos últimos obviamente dogmáticos extremistas, por lo tanto irracionales) utilizan a menudo como punta de lanza para defender esa postura tan incoherente con numerosos datos, como venimos mostrando en los artículos anteriores.

Uno de ellos, y de los que más fácilmente se rebaten, es la vitamina D.

El término vitamina D, a pesar de que muchos compuestos derivados de esteroles reciben ese nombre,  generalmente hace referencia a la D3 o colecalciferol, el cual se forma en la piel como resultado de la irradiación del 7-hidrocolesterol  con la luz ultravioleta del sol. El colecaliferol así formado debe ser transformado en el hígado en 25-hidroxicolecalciferol, que es la forma activa de la vitamina D dentro del organismo capaz de realizar funciones como la de incrementar la absorción de minerales esenciales como el calcio y el fósforo (1).

La cantidad de 25-hidroxicolecalciferol en sangre se utiliza para evaluar si el aporte de vitamina D es suficiente, los valores estándar son los siguientes (2):

Deficiencia:  <20 ng/ml

Insuficiencia: 21-29 ng/ml

Suficiencia: 30-100 ng/ml

Las cantidades diarias recomendadas de vitamina D para asegurarse la suficiencia son como sigue (2):

Niños <1 año 400-1000 UI

Niños 1-18 años 600-1000 UI

Adultos  1200-2000 UI

Una UI, o unidad internacional de vitamina D, equivale a 0,025 gramos de vitamina.

Las fuentes de vitamina D pueden ser tres: La luz solar, los productos animales (que contienen colecalciferol o D3) y los alimentos vegetales (que contienen ergocalciferol o D2).

Un hecho significativo muestra hasta que punto es difícil obtener una adecuada cantidad de vitamina D3 procedente de los productos animales, y es que se estima que el 30% de los habitantes de EEUU (niños y adultos) tienen deficiencia de esta vitamina, y es que para obtener 600 UI diarios una persona debería consumir salmón salvaje al menos 5 días a la semana (más de 100 gr), 6 porciones de lácteos enriquecidos (6 vasos o hasta 12 onzas de queso) o más de 600 gramos de huevos. Cantidades que sobrepasan por mucho cualquier cantidad “inocua” de productos animales que un ser humano debería consumir para preservar una buena salud a largo plazo (a menudo también a corto plazo).

Esto ocurre a pesar de que existen alimentos animales con grandes cantidades de vitamina D3, como el aceite de bacalao (que sin embargo es un producto refinado y 100% graso, se necesitarían entre 10 y 20 gr diarios para cubrir las necesidades de D3, la mitad o todas las grasas diarias que se deberían consumir).  Esto es tan así que se recomienda la suplementación, directa o indirecta (la añadida a alimentos procesados, como los lácteos y otros), a toda la población.

La inmensa mayoría de los alimentos vegetales contienen D2 o ergocalciferol. La mayoría de los estudios que comparan la eficacia de cada tipo de D3 de los alimentos para incrementar los niveles de 25-hidroxicolecalciferol en la sangre (3) encuentran que la D3 es más eficaz independientemente de la dosis, frecuencia o forma de administración (oral o intramuscular), oscilando la diferencia entre un 4% aproximadamente (si la ingesta es diaria) y un 40%.

Aunque algunos estudios encuentran una efectividad idéntica cuando la ingesta es diaria (4).

Por lo tanto la fuente más fiable de vitamina D, y además D3, es la luz del sol, para más del 80% en la población general (6).  También es la más segura ya que  existe el peligro de toxicidad por excesiva ingesta oral (ya sea procedente de los alimentos o de los suplementos) de vitamina D (9), mientras que la producción de vitamina D debido a la exposición solar es un proceso autorregulado. Por lo tanto conviene no exceder las cantidades recomendadas cuando se deba ingerir oralmente.

La cantidad de vitamina D que se produce debido a la luz solar depende de varios factores: tipo de piel, hora del día, tiempo de exposición, mes del año y latitud a la que está ubicada la región en la que se encuentra uno en el momento de la exposición solar.

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Tipos de piel.

Tipo I – Se quema a menudo, rara vez se broncea.

Tipo II – Normalmente se quema, algunas veces se broncea.

Tipo III – Algunas veces se quema, normalmente se broncea.

Tipo IV – Rara vez se quema, siempre se broncea.

Tipo V – Piel negra-marrón de forma natural.

Tipo VI – Piel negra-marrón, más intensos.

Para ejemplificar esto exponemos a continuación unas gráficas:

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En esta gráfica se expone el tiempo necesario para que una persona con piel tipo uno  exponiendo cara, cuello y manos produzca 400 UI de vitamina D según la latitud y el mes del año y al mediodía (5)

Se puede observar que a partir de determinada latitud (poco más de 45 grados, donde termina la franja azul) no es posible, para una persona de piel clara, obtener dicha cantidad de vitamina D con ningún tiempo de exposición durante ciertos meses. En estas latitudes el tiempo necesario va a ser mucho más largo que lo que permite el clima, que obliga a exponer menos superficie de piel y durante mucho menos tiempo, en ciertos meses. Además hay que tener en cuenta la nubosidad que puede reducir entre un 50% y un 99% la irradiación ultravioleta al mediodía. En un sitio muy nublado no se podrá obtener suficiente vitamina D del sol durante muchos meses.
Se observa que hasta una latitud de 20 grados (donde termina la zona negra) o un poco más, se puede obtener vitamina D durante todo el año.

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Esta tabla muestra el periodo diario en horas de producción de vitamina D para una atmósfera clara y sin superficies reflexivas según la latitud y la época del año (5).

http://nadir.nilu.no/~olaeng/fastrt/VitD_quartMEDandMED.html en esta página hay un programa que permite calcular la cantidad de tiempo necesario para obtener del sol una cantidad fijada de vitamina D según la ubicación geográfica (latitud y longitud), tipo de piel y otros factores.

En la práctica, dado que hasta la latitud 35 (o -35 para el hemisferio sur) el clima es suficientemente templado o caluroso la mayor parte del año, es probable que en ese rango de latitudes se pueda exponer suficiente superficie corporal durante el suficiente tiempo (alrededor de 30 minutos) como para obtener suficiente vitamina D del sol durante todo el año para casi todos o todos los tipos de piel (6). Para los individuos de piel muy oscura o negra, incluso a latitudes de 20 grados puede haber meses en los  que  no obtengan fácilmente toda la vitamina D del sol, o incluso les resulte imposible en esos meses. También debe tenerse en cuenta hábitos modernos como el uso de protectores solares, uno de factor 8 puede reducir la cantidad de vitamina D producida en la piel en más de un 97% (6). Otra razón por la cual no es recomendable el uso de protectores solares es la contaminación con productos químicos que son absorbidos a través de la piel y terminan en el flujo sanguíneo.  Otro hábito moderno nocivo es que la mayor parte del tiempo se está en espacios cubiertos, incluso en zonas con climas benignos, lo cual puede reducir la cantidad de vitamina D producida en la piel en cantidades significativas o incluso drásticamente.

En todos los casos hay que tener en cuenta que existe un tiempo límite para aprovechar los beneficios del sol, que es aquel a partir del cual empezamos a quemarnos.

En latitudes por encima de las señaladas según el tipo de piel la dieta empieza a adquirir un rol más importante para la obtención de suficiente vitamina D, ya que las reservas de vitamina D parecen que no duran más de dos semanas (a 1000 UI diarios) (7).

Desde aquí recomendamos utilizar el programa que hemos enlazado para conocer durante qué meses no es posible obtener suficiente vitamina D para la localización correspondiente, sobre todo si se vive por encima del paralelo 35, o por debajo del -35, y así optar por una de las medidas secundarias más eficaces que se deducen de lo expuesto, suplementar (preferiblemente D3 o D2 en mayor cantidad y diariamente)o usar una lámpara de UVB que simule lo mejor posible la luz solar, puesto que ésta tiene otros efectos biológicos beneficiosos (8).

La mejor opción obviamente es el sol natural, seguido del uso de una lámpara de UVB que simule todo el espectro solar, y por último la suplementación con pastillas. Desgraciadamente se puede dar el caso de que tanto las pastillas como la lámpara produzcan efectos secundarios indeseables y en ese caso solamente unas vacaciones en otras latitudes podría ayudar en las localizaciones problemáticas durante ciertos meses.

Como se puede observar, la vitamina D en todos los casos es una vitamina extradietética, y por lo tanto se puede obtener fácilmente mientras se sigue una dieta vegana o crudivegana dadas las circunstancias favorables comentadas, y por otra parte, en las circunstancias adversas comentadas todas las personas, sigan o no una dieta vegana, deben plantearse la necesidad de medidas cautelares en determinados meses.

Referencias:

1.- Text of physiology, Guyton and Hall

2.- Evidence-based D-bate on health benefits of vitamin D revisited Michael F. Holick

      Dermatoendocrinol. 2012 April 1; 4(2): 183–190.

      http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3427198/

3.- Am J Clin Nutr. 2012 Jun;95(6):1357-64. doi: 10.3945/ajcn.111.031070. Epub 2012 May 2.

     Comparison of vitamin D2 and vitamin D3 supplementation in raising serum 25-hydroxyvitamin D status: a systematic review and

     meta-analysis.

     Tripkovic L, Lambert H, Hart K, Smith CP, Bucca G, Penson S, Chope G, Hyppönen E, Berry J,

      http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3349454/

4.- J Clin Endocrinol Metab. 2008 Mar;93(3):677-81. Epub 2007 Dec 18.

       “Vitamin D2 is as effective as vitamin D3 in maintaining circulating concentrations of 25-      hydroxyvitamin D”.

         Holick MF, Biancuzzo RM, Chen TC, Klein EK, Young A, Bibuld D, Reitz R, Salameh W, Ameri A, Tannenbaum AD.

         http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18089691

5.- Review: The relationship between UV exposure and vitamin D status

       O. Engelsen1 and A.R. Webb2

      http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3257661/pdf/nutrients-02-00482.pdf

6.- J Gen Intern Med. 2002 September; 17(9): 733–735.

       Sunlight and Vitamin D Both Good for Cardiovascular Health

       MICHAEL F HOLICK, MD, PhD1

      http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1495109/

7.- J Am Coll Nutr. 2009 Jun;28(3):252-6.

       Vitamin D3 distribution and status in the body.

        Heaney RP, Horst RL, Cullen DM, Armas LA.

       http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20150598

8.- Fiziol Cheloveka. 2012 Nov-Dec;38(6):87-94.

      [On particular physiological significance of ultraviolet part of spectrum for phototherapy successfullness].

      Pudikov IV, Dorokhov VB.

     http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23393786

9.- Nutrition. 2013 Jan;29(1):37-41. doi: 10.1016/j.nut.2012.05.010. Epub 2012 Oct 22.

Vitamin D: health panacea or false prophet?

Glade MJ

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23085014